Blog/ No sé quién soy

Dr. Sergi Rufi
TERAPEUTA · ESCRITOR · DIVULGADOR
12 min de lectura
No sé quién soy
En resumen
- Puedes saber responder a casi todo sobre tu vida y, aun así, no saber quién eres ni qué deseas realmente.
- Las expectativas familiares, sociales y culturales pueden hacer difícil distinguir entre deseo propio, adaptación y necesidad de aprobación.
- Ser auténtico no consiste en hacer lo que te apetece, sino en escuchar lo que sientes y atravesar la culpa o la vergüenza de dejar de encajar.
- Encontrarte a ti mismo puede implicar menos construir una nueva identidad y más desaprender roles, obediencias y estrategias que adoptaste para pertenecer.
No sé quién soy: por qué cuesta tanto responder quién eres
Hay una sencilla pregunta que a menudo nos resulta complicada de responder: ¿quién soy yo?
No me refiero a qué estudiaste, a qué te dedicas, dónde vives, cuántos años tienes. Tampoco a lo que dice tu currículum que hiciste, o lo que opinan tus padres, tus amigos, tu pareja o tus seguidores. Ni tampoco a qué personaje has fabricado para moverte por el mundo con cierta fluidez o eficacia.
Repito, simplemente, ¿quién eres?
Y se hace el silencio. La mayoría se queda en blanco. Resulta curioso: podemos haber pasado treinta años estudiando, trabajando, cumpliendo, sacando notas, aprobando exámenes, aprendiendo idiomas, usando ordenadores, resolviendo trámites, pagando facturas, obedeciendo, memorizando datos, entendiendo mapas, fechas, fórmulas, teorías, procedimientos. Y aun así no saber responder a lo más básico. Qué siento, qué me pasa, qué me mueve, qué me apaga, qué deseo, qué quiero, qué detesto. Qué he hecho hasta ahora con mi vida.
Cómo saber quién soy realmente más allá de lo que hago
Sabemos bastante del mundo físico y muy poco del universo interno. La escuela, la familia y el sistema educativo ponen todo el peso en el conocimiento de lo de fuera. Matemáticas, historia, lengua, química, geografía, tecnología. Todo eso es útil, obviamente. Sin embargo, casi nadie nos enseña a comprender el miedo, la rabia, la tristeza, la vergüenza, la culpa, el deseo, la intuición, la conducta, el cuerpo, los vínculos.
En el mundo se impuso la materia sobre la mente. Lo exterior sobre lo de dentro. El dato sobre la experiencia. El rendimiento sobre la conciencia. Y así se fomentó una silenciosa forma de ignorancia humana que se extiende a lo largo del globo.
Personas listas en apariencia, e ignorantes por dentro. Usas el ordenador, pero desconoces cómo funciona tu computador mental. Sabes enviar un email, conducir, entregar un informe, organizar un viaje, hacer una transferencia bancaria, responder educadamente en una comida de trabajo. Pero no sabes por qué te hundes tanto cuando alguien te rechaza. Por qué dices que sí cuando quieres decir que no. Por qué te enamoras de quien no te conviene. Por qué necesitas aprobación constante. Por qué te cuesta descansar, por qué no soportas el silencio. O por qué, a menudo, precisamente cuando te crees más libre, estás siendo más esclavo.
Qué pasa cuando no sabes quién eres
Y cuando uno no se conoce, desde fuera algo o alguien te dirige. La cultura oficial prefiere personas adaptadas, complacientes, productivas, previsibles y obedientes. Personas que sepan cumplir horarios, aceptar normas, repetir tradiciones, encajar en categorías predecibles, consumir lo que toca, desear lo que se espera, seguir modas, sufrir en silencio y no hacerse demasiadas preguntas grandes. Una persona que no sabe quién es depende más de las instrucciones de fuera.
Pensamiento REAL™
Una persona que no sabe quién es depende más de las instrucciones de fuera.
Hace lo que toca y quiere lo que tiene que querer. Necesita lo que otros aplauden. Se queda donde dicen que debe quedarse. Persigue una vida que quizá nunca sintió como propia.
El autodesconocimiento individual generalizado es un rasgo común de la cultura oficial superficial actual. Si no sabes quién eres, cualquier camino parecerá válido, cualquier opinión ajena puede convertirse en propia. Cualquier rechazo te desordenará gravemente. Cualquier expectativa incumplida te empujará al vacío. Cualquier mandato familiar, social o cultural se convertirá en tu destino personal.
Entonces, aunque parezca que vivo mucho, a fondo incluso, quizá estaré viviendo dentro de un camino elegido por otros.
Me siento perdido aunque aparentemente lo tengo todo
“Lo tengo todo y me siento vacío” es una frase muy escuchada en consulta.
En general, la gente vive la vida que la familia, los amigos, el sistema educativo y los medios de comunicación les han fabricado. A eso le llamo atrapamiento cultural: vivir dentro de los dictados de la cultura oficial, confundiendo lo que se espera de nosotros con lo que realmente necesitamos. Y si logramos los objetivos que nos dijeron que debíamos lograr para ser felices, nos sentimos vacíos. Quizá nunca fueron nuestros propios objetivos, sino solo el camino trazado por la cultura oficial.
Cumplimos como hijos, como estudiantes, como trabajadores, como parejas. Cumplimos como padres, madres, amigos, hermanos, ciudadanos, profesionales. Vamos ocupando el lugar que toca ocupar en cada etapa. Primero portarse bien, luego estudiar, luego trabajar y más adelante encontrar pareja. Luego comprar, producir, responder, sostener, parecer estables, parecer maduros y parecer normales.
La ley es encajar, imitar, ser uno más. Ser, como escribo en ‘La belleza de la rareza’, un ‘replicante’ más del paradigma oficial. Alguien que no crea su camino (y evoluciona), sino que reproduce el camino heredado. Frente a eso, siempre ha existido una minoría más ‘evolutiva’, creativa y divergente: personas que no han venido solo a repetir el mundo, sino a cuestionarlo, ampliarlo o atravesarlo.
Y quizá por fuera todo parezca razonablemente correcto. Pero por dentro existe una pregunta incómoda: ¿y yo qué espero de mí mismo? No qué esperan los otros. Mi familia, mis amigos, mi pareja, la sociedad. No qué espera mi entorno profesional, ni qué queda bien, ni qué es prudente o aceptable. O qué debería desear una persona de mi edad, con mi historia, de mi clase social, de mi género, de mi pueblo o ciudad. ¿Qué espero yo, separado de todo eso?
Cómo distinguir lo que quiero de lo que esperan de mí
El problema es que muchas personas fueron educadas para obedecer, no para descubrirse. Para ser complacientes, no para ser auténticas. Para cumplir expectativas, no para escuchar su dirección interna. O sea, para no molestar, no decepcionar, no salirse de la línea y no parecer raras. No parecer demasiado sensibles, demasiado distintas, demasiado vivas. Demasiado libres.
Y cuando llevas muchos años funcionando así, llega un momento en que ya no sabes si deseas algo o si simplemente te enseñaron a desearlo.
Quizá elegiste una carrera porque era lo razonable para la familia. Una pareja porque era el momento. Un estilo de vida porque parecía algo estable. Una forma de vestir, hablar, trabajar o relacionarte porque era la que menos conflicto generaba. Quizá has sido tan buen alumno de la vida exterior que te has convertido en un desconocido para ti mismo.
Por qué buscar aprobación puede alejarte de ti mismo
Y es que la complacencia a veces tiene un precio alto. Al principio parece adaptación. “Qué buen chico es Mario”. Pero luego se convierte en desconexión. Uno empieza cediendo un poco, tragando un poco, posponiendo un poco, ajustándose un poco. Hasta que un día se mira por dentro y no sabe distinguir entre deseo propio y mandato ajeno o heredado. Entre amor y miedo a estar solo. Entre responsabilidad y servilismo. Entre amabilidad y necesidad de aprobación.
Y ahí aparece una forma silenciosa de tristeza. No siempre es una depresión clínica. A veces es una sensación de vida plana. De rutina correcta pero sin alma. De hacer muchas cosas, pero no sentir dirección propia. De cumplir mucho y vivir poco. De estar funcionando, pero no estar realmente presente.
Cómo empezar a conocerte a ti mismo
Por eso hace falta un poco de descubrimiento interior. No como una frase bonita de la moda espiritual o new age Disney. Sino como una necesidad psicológica básica. Necesitamos saber qué sentimos, qué nos importa, qué nos hiere, qué nos expande, qué nos cansa, qué lugares nos apagan, qué vínculos nos empequeñecen, qué decisiones nos acercan a nosotros y cuáles nos alejan.
Nadie puede vivir una vida REAL sin escucharse. Y escucharse no resulta siempre cómodo. A veces descubres que no quieres lo que deberías querer. Que no amas lo que deberías amar. Que no encajas donde deberías encajar. Que no quieres seguir haciendo lo que llevas años haciendo. Que hay partes de tu vida que están más sostenidas por la culpa, el miedo o la costumbre que por la verdad.
Qué cambia cuando empiezas a escuchar lo que sientes
Ahí empieza lo REAL. Cuando dejamos de preguntarnos únicamente “¿qué tengo que hacer?” y empezamos a preguntarnos “¿qué siento yo haciendo esto?”. Esa pregunta, que puede parecer pequeña, puede desmontar una vida entera. La vida construida desde el cumplimiento no sentido no siempre resiste el primer contacto con la verdad interna. Y sin embargo, quizá eso sea en realidad crecer.
Dejar de vivir únicamente para no decepcionar a los demás. Dejar de hacer de la aprobación una brújula individual. Dejar de confundir ser buena persona con abandonarse. Dejar de pedir permiso para existir de una forma más personal, más propia.
Identidad personal: cuánto de tu “yo” es adaptación
El Yo REAL no es una manera de ser más perfecta. No es una versión más iluminada, impecable y estable de uno mismo. Tampoco es una marca personal, una foto fija, una fórmula universal. Ni es un personaje más sofisticado, una máscara más espiritual o estética.
El Yo REAL es la esencia, el fondo, la raíz, la semilla, lo espontáneo, lo que nace sin forzar. Es lo que somos cuando dejamos de actuar tanto de cara a la galería. Cuando no interpreto un papel para encajar. Cuando no recorto mi espontaneidad para parecer menos raro. Cuando no traiciono lo que siento para cumplir las expectativas ajenas. Cuando no intento parecer más normal, más cómodo, más aceptable o más funcional para los demás. Sin necesidad tampoco de forzarlo.
Ahí empieza algo más puro, aunque no sea sencillo. Muchos crecimos sintiéndonos insuficientes, intentando corregirnos, intentando no molestar. Intentando gustar, intentando demostrar. Y sobre todo, intentando tapar lo raro, lo sensible, lo intenso, lo torpe, lo original, lo diferente. Muchas personas construyeron una estrategia de supervivencia en lugar de una personalidad flexible, ‘abierta a sentir’.
Si fui criticado, aprendí a controlarme. Si fui humillado, aprendí a esconderme. Si fui ignorado, aprendí a dar la nota o a desaparecer del mapa. Si fui rechazado, aprendí a gustar. Si fui invadido, aprendí a cerrarme. Si fui exigido, aprendí a rendir. Y luego aprendimos a llamarle “yo” a todo ese mecanismo edulcorado de nosotros mismos.
Por eso una parte importante de nuestra identidad es trauma maquillado, adaptación forzada o mera defensa. Una antigua manera de funcionar para intentar no volver a sentirnos insuficientes, incapaces o fuera de lugar.
Qué significa ser auténtico de verdad
Por eso ser auténtico no consiste simplemente en hacer lo que me apetezca. Eso puede ser desorden, idiotez o capricho maquillado de autenticidad. Ser auténtico implica escuchar qué siento de verdad en mí. Y ser capaz de atravesar la culpa y la vergüenza que aparecen cuando dejo de hacer lo que otros esperan de mí.
Cómo dejar de sentir culpa por ser tú mismo
A veces, al principio del camino hacia el Yo REAL, uno se siente más culpable, egoísta, raro, ingrato, excesivo o desleal. Como si fuera mala persona por dejar de obedecer un guion que nunca eligió.
No hay una única manera de vivir. Tampoco hay una única forma correcta de amar, trabajar, pensar, desear, vestir, hablar, crear, vincularse, estar solo, formar familia o no formarla, o pertenecer a un grupo. Por lo tanto, tampoco hay una única manera de ser uno mismo.
La vida REAL no cabe en un molde tan estrecho. Si somos más de ocho mil millones de personas en este planeta, ¿solo hay una única manera de ser auténticos?
La autenticidad tiene que ver con deseo propio, espontaneidad, originalidad y escucha interna. Con permitir que algo propio emerja sin pedir disculpas. No para imponérselo a otros, ni para volverse caprichoso o justificar cualquier conducta. Sino para dejar de vivir de espaldas al viento que sopla a nuestro favor.
Qué es el Yo REAL y cómo reconocerlo
Ser tú mismo es encarnar tu Yo REAL. Es reconocer quién eres cuando no estás intentando evitar ser rechazado, o cuando no necesitas impresionar. Cuando no tienes que demostrar tu valía y dejas de actuar para que te quieran. Cuando dejas de hacer cosas para evitar sentir culpa o vergüenza. Quien eres en silencio, sin el móvil, en la ducha, frente al espejo. Quieto, o en movimiento. Atento a la inspiración.
Entonces algo escuece, emerge, se recoloca. Quizá siga teniendo miedo. Quizá siga dudando. Quizá siga sintiendo culpa. Pero no dejo que todo eso gobierne mi vida. Poco a poco, empiezo a construir una relación más honesta con esas partes prohibidas de mí mismo. Nace un movimiento más directo y menos decorativo. Menos complaciente y menos esclavo del personaje aprendido, de la cáscara social.
Cómo encontrarte a ti mismo sin buscar una definición final
No se trata de encontrar una definición final de uno mismo. Quizá no sepamos quiénes somos como quien domina una fórmula exacta. Quizá no hay una respuesta cerrada, limpia o definitiva. Quizá el Yo REAL no sea una frase, sino una dirección, una sensación. Puro proceso desplegándose. Una forma de caminar más cerca de lo que sentimos y más lejos de lo que hacemos solo para encajar.
Descubrir quién eres también puede significar desaprender
A veces descubrir quién soy no empieza añadiendo cosas. Empieza al revés, sacando, eliminando, desactivando, dejando de hacer tanto. Desaprendiendo.
Quitando roles y capas, medo y culpa. Desmontando personajes y obediencias ciegas antiguas. Deshaciendo versiones recortadas de nosotros mismos. Señalando todo lo que hicimos para pertenecer a una vida que no terminaba de ser nuestra.
Y debajo, poco a poco, va emergiendo algo que siempre estuvo ahí esperando. No es perfecto ni definitivo ni estático ni cómodo para todo el mundo. Quizá sea algo más orgánico, fresco, natural y vivo. Algo más propio, más hogareño, más de dentro hacia fuera. A veces más tangible y clarividente, a veces más profundo y abstracto. Pero siempre más propio, más REAL. Con menos vergüenza y menos culpa. Poco a poco, eso seguro.
¿Cuánto de la vida que llevas se siente realmente tuya?
Distinguir entre lo que deseas y lo que aprendiste a desear no siempre es inmediato. Si quieres profundizar en esa escucha interna y acercarte a una forma de vivir más propia, puedes explorar este acompañamiento.

